Cuantas noches desveladas por la añoranza. Cuanto sacrificio asumido. Cuantas lágrimas derramadas por los orígenes perdidos. Pero todos con la firme convicción, aunque solo fuera un sueño, que pronto volverían a recuperar ese verdor cántabro fijado en sus pupilas, ese mar bravío de blanca espuma y ese calor amigo y familiar. Pero mientras eso llega, había que hacer piña, para confortarse con otro calor, ahora paisano, que proporcionan nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestros cantos y nuestra especial forma de ser.

Allá por el año 1945, cántabros y asturianos, gente del Norte, se reunían en un bar de la Calle Ancha, donde celebraban sus tertulias, se bebía, se cantaba y echaba la partida. Pero pronto surgen las naturales divergencias por su regionalismo dispar y resuelven emprender diferentes caminos.
Fue por ello que, si bien comenzaron a operar en el año 1946, en una modesta bolera improvisada en Montjuic, realmente, el embrión de la actual Casa de Cantabria en Barcelona, se gestó en el año 1948 con la firma de los Estatutos Fundacionales y no fue hasta 1950, contando ya con todas las autorizaciones oficiales, cuando se funda la Gran Peña Deportiva Bolística de Cantabria, primero con sede en la calle Parlamento y posteriormente en la calle Córcega de Barcelona, donde permanecería durante 35 años.
El Obispado, a través del párroco de la iglesia María Medianera, en el Ensanche de la Ciudad Condal, en la calle Córcega, entre Rocafort y Entenza, nos cedió unos terrenos, en los que existía una pequeña edificación que, aunque se encontraba en deplorable estado, y su enclave situado entre solares despoblados y junto a una pestilente fábrica de sebo, a nosotros nos servía. Se componía ésta de un bar, un salón, un departamento habilitado como secretaría y una pequeña vivienda. Era un estupendo sitio donde comenzar. Allí se construyeron dos boleras y una terraza cubierta de cañizo. Se rehabilitó el bar, donde pronto se servirían comidas típicas de Cantabria. Allí se juntaron cerca de 150 socios y durante los años 50 y 60 fueron especialmente conocidas las celebraciones de San Juan y de San Pedro.
Pero la ciudad fue creciendo y nos engulló. Ya habían pasado muchos años desde que nos instaláramos y nuestra estancia en La Bolera de la calle Córcega se terminaba, pues el Obispado nos instaba a dejar estas dependencias, que posteriormente se derribarían, para construir en su lugar, un edificio de viviendas. Atrás quedaban recuerdos y vivencias. Aquel querer auténtico de los tiempos primeros, cuando la necesidad nos reunía, nos unía y nos alentaba frente a futuras empresas que tendríamos que emprender. Allí tomó cuerpo la Gran Peña Bolística, que constituiría uno de los referentes cántabros de mayor tradición y cuyo espíritu hoy perdura.
Y entonces, unos socios de mente preclara, resolvieron comprar esta casa perdida en la lejanía, intuyendo sus grandes posibilidades, por medio de una hipoteca, cuyo pago constituiría otra gesta, de la que salimos victoriosos, con la ayuda inestimable de nuestro Gobierno de Cantabria. Entonces extramuros de Barcelona, un lugar casi rural, pocas casas alrededor y mucho matorral. Un grandioso trabajo por delante se vislumbraba, para que pudiera ser habitada y cobijara a nuestra gente. Lo utilizaban como almacén, que una vez vaciado del material de obra que contenía, limpiada la maleza y rebajado el terreno para ubicar la nueva bolera, comenzó a vislumbrarse el proyecto soñado. Fue tremendo el esfuerzo tuvieron que afrontar nuestros mayores y grandes vicisitudes sortearon para tomar este bastión, pero su ilusión y ese tesón cántabro tan nuestro fueron despejando el camino y paso a paso lograron levantar esta Sede, que es un orgullo para Cantabria. En 1985, en estas dependencias, se funda la actual Casa de Cantabria en Barcelona.
Cuantos cantares, bailes, romerías y torneos de bolos ha acogido desde entonces, cuantos rezos a nuestra Virgen Bien Aparecida. Cuantos poetas y escritores nos acercaron nuestra Tierra y cuantas gentes de cultura nos obsequiaron sabiduría. Desde aquí gracias a todos ellos por compartir su gracia con nosotros y engrandecer nuestra historia, de la que formarán siempre parte, en los anaqueles y en nuestra memoria.
Poco a poco la ciudad se fue acercando, librándonos de esa soledad impuesta. Vinieron la Universidad, Esade, la ONCE y muchos ilustres vecinos con sus familias, que con sus imponentes mansiones y elevadas viviendas, dieron esplendor a esta zona y nos regalaron, el estar hoy enclavados en uno de los barrios más emblemáticos de esta gran ciudad.
La Casa de Cantabria en Barcelona, se funda como una Asociación, de ámbito estatal, sin ánimo de lucro, domiciliada en la calle Sor Eulalia de Anzizu, nº 45, C.P. 08034 integrada en principio, por personas originarias de la Comunidad Autónoma de Cantabria o que procedieran de allí, si bien hoy acoge a otras muchas gentes, sin distinción alguna por el origen, residentes o no, en la ciudad de Barcelona.

 

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Nuestra misión fundamental e imperecedera, consiste en fomentar entre sus socios y divulgar nuestra cultura cántabra, mediante conferencias, publicaciones, boletines, clases, excursiones, certámenes artísticos, literarios, coros y bailes regionales de Cantabria y cuantas actividades sean posibles para realizar este propósito. Fomentar igualmente, cuanto contribuya al intercambio cultural, espiritual y material entre Cantabria y todos los pueblos en general y con Cataluña en particular, que con sus Instituciones al frente, Generalitat, Ayuntamientos de Barcelona y Les Corts, y Diputación, siempre nos ha apoyado, contribuyendo significativamente junto con nuestro propio Gobierno de Cantabria, a que este proyecto viera la luz, se asentara y tuviera continuidad.